¡Alérgicos del mundo! Llega el mapa de los plátanos en CABA


La primavera se acerca y, con ella, uno de los grandes enemigos de los alérgicos: el plátano. Para quienes sufren rinitis, estornudos e irritación nasal, hay una buena noticia: ya pueden saber exactamente dónde están los árboles que producen buena parte de la pelusa que invade las calles porteñas.
Luciana Staiano, de la Facultad de Agronomía de la UBA, creó el primer “Mapa de Plátanos de CABA”, una herramienta que permite localizar estos árboles en distintos puntos de la Ciudad.
El mapa fue elaborado a partir de los datos del Arbolado Público Lineal 2017-2018, un relevamiento realizado y digitalizado por el Gobierno porteño.
70.000 plátanos en la Ciudad
Según el último censo, Buenos Aires tiene alrededor de 430.000 árboles, de los cuales cerca de 70.000 son plátanos. Es decir, representan menos del 20% del arbolado porteño. Sin embargo, durante la primavera su presencia se hace sentir.
El plátano de sombra es una especie de rápido crecimiento que puede superar los 40 metros de altura. Tiene una copa amplia que proporciona abundante sombra, tolera la contaminación urbana y puede vivir durante muchos años, características que lo convirtieron en una especie muy utilizada para el arbolado de las grandes ciudades.
El problema aparece cuando llega la época de reproducción. Sus frutos producen pequeños penachos de pelos que pueden dispersarse por el aire y generar molestias respiratorias. El polen y las partículas asociadas al árbol pueden provocar irritación nasal, estornudos y síntomas de rinitis alérgica.
¿De dónde vienen los plátanos?
La historia del plátano porteño se remonta al siglo XIX. Durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se impulsó la incorporación de árboles y especies exóticas al paisaje de Buenos Aires, siguiendo modelos de urbanización y embellecimiento inspirados en ciudades europeas y norteamericanas.
Sarmiento fue también uno de los principales impulsores del Parque Tres de Febrero, inaugurado en 1874, y promovió la incorporación de distintas especies para transformar el paisaje urbano.
Entre ellas, el plátano encontró un lugar privilegiado: crecía rápido, daba mucha sombra y se adaptaba bien a las condiciones de una ciudad cada vez más poblada.
Más de un siglo después, aquellos árboles que ayudaron a construir la imagen de Buenos Aires tienen ahora un nuevo protagonismo: forman parte de un mapa que puede convertirse en una herramienta fundamental para quienes, cada primavera, miran al cielo buscando polen y pelusa.



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