Déficit vial: la otra cara del superávit fiscal


Mientras el Gobierno celebra el superávit fiscal como uno de los principales logros de su gestión, el ajuste también deja una consecuencia visible sobre el territorio: las rutas nacionales atraviesan uno de los mayores recortes de las últimas décadas.
En 2026, el presupuesto destinado a la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) cayó a unos $563.000 millones, lo que representa un desplome del 79% en términos reales respecto de 2023. De acuerdo con los datos disponibles, se trata del nivel más bajo de inversión vial en treinta años.
El recorte ocurre, además, en un contexto de deterioro creciente de la infraestructura. Casi seis de cada diez kilómetros de la red relevada se encuentran en estado malo o regular, mientras que apenas el 42% está en buenas condiciones, según datos de la propia DNV y de la Federación del Personal de Vialidad Nacional (Fepevina).
La magnitud del ajuste se observa al comparar la evolución del gasto ejecutado por Vialidad en los últimos años. A valores actuales, en 2016 el organismo contó con recursos equivalentes a $4 billones. En 2017, la cifra fue de $2,7 billones.
El descenso se profundizó en los últimos años: en 2024 el presupuesto ejecutado cayó a $811.000 millones, en 2025 fue de $783.000 millones y para 2026 se ubica en apenas $563.000 millones.
Pero el ajuste no afecta solamente a las nuevas obras. También impacta directamente sobre el dinero destinado a mantener las rutas que ya existen.
El programa de Mantenimiento en Rutas Nacionales pasó de contar con $828.000 millones, a precios actuales, en 2023, a apenas $248.000 millones en 2026.
La consecuencia es una ecuación cada vez más difícil: menos presupuesto para mantener una red vial que, al mismo tiempo, muestra un deterioro creciente.
Así, detrás del superávit de las cuentas públicas aparece otra cara del ajuste: rutas con menos mantenimiento, obras paralizadas y una infraestructura que acumula problemas mientras el Estado destina cada vez menos recursos a repararla.



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